lunes, 26 de marzo de 2012

Fragmento de Sebastian (1 Capitulo)

Los seres alados sobrevolaron la casa buscando por donde entrar, querían ayudarle, se lo debían. Sebastian se dejo caer suavemente sobre el tejado plegando sus alas, quería intentar algo descabellado, bajar por la chimenea. Mientras en la vivienda las fuerzas grises destrozaban todo lo que encontraban en su camino.
Mepli, seguía agazapado, escondido dentro del armario, aterrado. Cada vez estaba más cerca el sonido de la destrucción, cristales al romperse, muebles estallando. No tenía escapatoria posible, aquello fuera lo que fuera lo iba a matar. Sebastian arrancó el sombrero de la chimenea y miró por ella. El hueco era estrechoaún así tenía que intentarlo. Entró cuidando de plegar sus alas al máximo aún así tenía que intentarlo. Entró cuidado de plegar sus alas al máximo.  aún así tenía que intentarlo. Entró cuidando de plegar sus alas al máximo
El hollín se aferraba a su piel, la oscuridad lo envolvía todo. Escucho la voz de sus hermanos alarmada al verle desaparecer dentro de la chimenea. Descendió con cautela, casi aguantando la respiración.
Al llegar a bajo lo que vio fue desolación. La estancia donde se encontraba la chimenea, era un comedor, ahora el recuerdo de ello. Trozos de las sillas y mesa, cubrían el suelo. Los cuadros habían sido arrancados de las paredes, lo único que seguía en pie era una lámpara de cristal que colgaba del techo milagrosamente.
Las fuerzas grises no estaban lejos, escuchaba como devastaba la habitación contigua. Buscaban a Mepli, eso significaba que aún seguía vivo, no estaba todo perdido. El joven se habría escondido en algún lugar de la casa, pero ¿dónde? Con mucha cautela y desenvainando su espada, Sebastian camino fuera del comedor. Todo... ... estaba en penumbras, el ruido era atroz estaba en penumbras el ruido era atroz.
Pasó cerca de la habitación atacada, podía ver movimiento de sombras dentro. Intentó pegarse a la pared todo lo que pudo, no quería ser descubierto. Ahora no, que estaba tan cerca y había esperanzas de salvar al joven, sin que este sufriera ningún daño.          Mepli mantenía en sus manos el viejo abrecartas que había cogido para defenderse, pero al ver aquellos seres Sin formas comprendió qué nada podría hacer contra ellos. El móvil seguía a sus pies, había intentado llamar a la policía y al marcar lo único que había oído era un pitido desagradable. Nunca había sido católico, ahora estaba a punto de ponerse a rezar, pedir a Dios que le ayudará. Todo empezó después de un extraño sueño. Despertó sobresaltado al escuchar un ruido de cristales rotos. Se incorporó rápidamente de la alcoba, pensando, que en la casa había entrado un ladrón. Asustado cogió el abrecartas, que ese mismo día había encontrado en el portal de su casa, y se dirigió a la cocina. Un escalofrío recorrió su cuerpo, unas sombras se movían con excesiva rapidez, rompiendo todo lo que encontraba a su paso, no eran humanas, más bien, no tenían forma determinada. El pánico se apoderó de él y huyó hacía la puerta de salida y entonces está saltó en pedazos mientras un par de aquellos seres entró por ella. Tuvo el tiempo justo de esconderse dentro del armario de los abrigos y allí permanecía quieto, con el corazón latiendo a mil.
Un movimiento del picaporte. Quiso desaparecer y la puerta se abrió poco a poco.


¿Dónde se podría esconder Mepli? Se preguntó Sebastian, su instinto le guió hasta el pasillo de la entrada. Allí sintió, no oyó, la respiración del joven. Había un armario empotrado, que estaba intacto, las fuerzas grises no habían reparado en él, pero no tardarían en buscar allí. Puso la mano en el picaporte y lo giró lentamente.

martes, 14 de junio de 2011

Fragmento de Eorifica

Los tres se quedaron parados mirando alrededor, todo parecía en calma. ¿Qué nuevo peligro les estaba acechando? Al ver que nada pasaba reanudaron la marcha, lentamente, mirando una y otra vez a cada lado. La calma reinante les inquietaba,  les ponía nerviosos. Fueron mucho los pasos que dieron hasta sentir de nuevo vibrar el suelo bajo sus pies. Contuvieron la respiración. Algo les acechaba desde las profundidades de la tierra; Pero no paso nada; silencio, quietud. Dirjov se agachó, tocó con las manos la tierra y escuchó. Nada.  Tardó un tiempo hasta regresar de nuevo el movimiento. Ahora era ya más intenso. El suelo se agitaba con fuerza; tanta que los tres perdieron el equilibrio y rodaron por el suelo. Para su sorpresa y desesperación, la tierra cedió a pocos pasos  de donde ellos se encontraban, formando una especie de enorme lleno de gruesas raíces; pero no era tal, sino las fauces abiertas de un dragón de barro emergiendo desde las profundidades más oscuras. Sus ojos ardientes  igual que si fueran unas ascuas encendida explosionaban constantemente. La bestía tenía escamas de barro cuarteado y sus fosas nasales emitían un silbante sonido cavernario. Su aspecto terrorífico  helaba la sangre al más valiente.
No conseguían levantarse, el terreno se agitaba con furia. Intentaron aferrarse a algo sin conseguirlo, pues en aquel paraje inhóspito nada había. El suelo se inclinó peligrosamente, cayendo los tres en la boca del dragón. Donde todo era lodo espeso. Donde se  hundían sin remisión, sin esperanzas. Al tratar de moverse se hundieron. El fango ya les llegaba  por la boca, intentaban mantenerla cerrada, pero sabían que eso no les serviría de mucho. Poco a poco el lodo presionaba sus pulmones consumiendo el aire que les quedaba. Fueron momentos angustiosos y desesperados. Eran concientes de su pronta muerte.