Atrapados
Una mañana de
sábado; Una joven despertó tarde, se esperezó varias veces hasta decidir con
cierta desidia levantarse. Después de pensarlo un rato se colocó unos vaqueros
y una camiseta de su grupo preferido. Sus padres le habían comentado que se
levantarían temprano para ir de compras a la ciudad y volverían tarde, así que
tenía toda la casa para ella sola y con esa ilusión se dispuso a salir del
cuarto. Su plan era ir al baño y luego tumbarse a la bartola en el sofá del
salón y mirar un rato la televisión o poner un dvd, aún no lo tenía muy claro.
Pero al intentar traspasar el marco de la puerta de la habitación, una gelatina
invisible le cortó el paso haciéndole retroceder. Desorientada volvió a
intentarlo de nuevo; la barrera invisible la impulsó al interior del dormitorio
evitándole la salida.
-Debo de estar
soñando- pensó ella. Se pellizco, respiro hondo y cuando se convenció a si misma
de que todo era fruto de su imaginación, dirigió sus pasos decididos, hacia la
puerta, lo intentó una y otra vez, de frente, de costado, agachada, nada. Era
imposible salir y una angustia empezó a absorberla. Dejo de intentarlo y se
sentó en la cama con la intención de tranquilizarse, tenía frió, la temperatura
del cuarto había descendido bruscamente sin motivo aparente. Y notó una
opresión por todo el cuerpo, como si la habitación estuviese encogiéndose poco
a poco, estrujándola. Le costaba respirar. Tenía que salir de allí como fuera.
Las lágrimas brotaron por sus ojos y aunque pidió auxilio nadie vino a rescatarla.
Entonces su mirada se posó en la ventana, su salvación pensó, y sin dudarlo se
dejo llevar por el terror corriendo hacia ella y la abrió. Pasó un brazo y
descubrió esperanzada que nada le impedía pasar. Sería fácil andar por la
pequeña cornisa y entrar por la terraza del salón. La cuestión era salir de
aquella habitación claustrofóbica.
Sin pensar en
los cuatro metros que le separaban del pavimento, salio por la ventana y
aferrándose a la persiana, consiguió apoyar las puntas de los pies en el
saliente. Avanzó y lo último que oyó fue
un crujido bajo sus pies al romperse la cornisa, cayendo al vació.
Lejos de allí,
días después, en otra ciudad, un joven despertó temprano, estaba solo en casa y
había quedado para ir a jugar al fútbol con los amigos. Se vistió y cuando fue
a salir de su cuarto algo impidió su salida…
María del Carmen
Encinas
Registro: 1203091279006