Los tres se quedaron parados mirando alrededor, todo parecía en calma. ¿Qué nuevo peligro les estaba acechando? Al ver que nada pasaba reanudaron la marcha, lentamente, mirando una y otra vez a cada lado. La calma reinante les inquietaba, les ponía nerviosos. Fueron mucho los pasos que dieron hasta sentir de nuevo vibrar el suelo bajo sus pies. Contuvieron la respiración. Algo les acechaba desde las profundidades de la tierra; Pero no paso nada; silencio, quietud. Dirjov se agachó, tocó con las manos la tierra y escuchó. Nada. Tardó un tiempo hasta regresar de nuevo el movimiento. Ahora era ya más intenso. El suelo se agitaba con fuerza; tanta que los tres perdieron el equilibrio y rodaron por el suelo. Para su sorpresa y desesperación, la tierra cedió a pocos pasos de donde ellos se encontraban, formando una especie de enorme lleno de gruesas raíces; pero no era tal, sino las fauces abiertas de un dragón de barro emergiendo desde las profundidades más oscuras. Sus ojos ardientes igual que si fueran unas ascuas encendida explosionaban constantemente. La bestía tenía escamas de barro cuarteado y sus fosas nasales emitían un silbante sonido cavernario. Su aspecto terrorífico helaba la sangre al más valiente.
No conseguían levantarse, el terreno se agitaba con furia. Intentaron aferrarse a algo sin conseguirlo, pues en aquel paraje inhóspito nada había. El suelo se inclinó peligrosamente, cayendo los tres en la boca del dragón. Donde todo era lodo espeso. Donde se hundían sin remisión, sin esperanzas. Al tratar de moverse se hundieron. El fango ya les llegaba por la boca, intentaban mantenerla cerrada, pero sabían que eso no les serviría de mucho. Poco a poco el lodo presionaba sus pulmones consumiendo el aire que les quedaba. Fueron momentos angustiosos y desesperados. Eran concientes de su pronta muerte.